Narrativa
Bulgaria en el preludio de la Segunda Guerra Mundial. Un grupo de jóvenes bohemios y alcoholizados trata de orientarse errando de taberna en taberna. Víctor es un gandul cuyos padres no saben qué hacer para reconducir su vida. Una noche va a una fiesta y acaba hechizado por el atractivo de Grígori, un muchacho alto y esbelto que hipnotiza a quienes lo miran con su forma de bailar y su elegante figura. Víctor se integra en el grupo de amigos de Grígori, pero este pronto es hospitalizado por tuberculosis. Tania y Nikolái, una pareja con idas y venidas, sumergen a Víctor en los antros más excéntricos de la noche sofiota. Grígori sale pronto del sanatorio y el grupo de amigos continúa sus andanzas por las calles, parques y tabernas de la ciudad, tratando de dilucidar sus sentimientos.
Ojos que lloran es una novela con tintes autobiográficos donde, por primera vez, el sentimiento homoerótico logra materializarse con esplendor en la literatura búlgara. Una narración donde abundan imágenes y descripciones en las que el silencio, los gatos callejeros, la lluvia, las farolas y la intensidad del color azul trasladan al lector a la decadente vida nocturna de la ciudad y sus tabernas repletas de prostitutas, conciertos improvisados y ebrias trifulcas. El poeta búlgaro Aleksándar Vutimski logra retratar, con una prosa excelsa y alambicada, la compleja naturaleza de las relaciones humanas.
Con pedazos de letras y cera de velas, guantes de lana y migas de pan… escribe Yordanka Béleva estos relatos. Su palabra está habitada por historias familiares enhebradas con la de Bulgaria —y con la muerte—, pero también por rituales, creencias y supersticiones ancestrales, donde resplandece un cierto realismo mágico, para fundar una memoria e identidad en lo pequeño y cotidiano, que se prolonga hasta lo colectivo. Impregnados de un humanismo epifánico desnudan la imprecisa ingenuidad de la infancia, la bondad y ternura de los abuelos, que pueblan los relatos, y la sororidad femenina más allá de los ajuares de arándanos… Descubrimos en esta autora una textura singular donde lo no dicho, los finales insospechados, los juegos lingüísticos y su estilo poético nos arrastran a un universo personal, como sólo ocurre cuando resuena la auténtica literatura.
Patricia Crespo Alcalá
Este compendio de narraciones breves, encuadrado en la corriente del diabolismo búlgaro, se adentra en las simas de la subjetividad explorando la desintegración de la personalidad, el miedo a lo desconocido, la tensión erótica, los estados límite de conciencia y el conflicto del individuo entre el bien y el mal.
A diferencia del realismo socialmente comprometido se centra en la subjetividad y en el mundo interior de los personajes; a menudo explorándolos a través de sueños, alucinaciones o dilemas morales. El diabolismo estuvo fuertemente influenciado por el pensamiento de Nietzsche, Schopenhauer o Freud, el expresionismo europeo o el romanticismo alemán, tomando como referentes a autores como E. T. A. Hoffmann y Edgar Allan Poe.
Gueorgui Ráichev fue uno de los pioneros del diabolismo en Bulgaria y, aunque el movimiento fue breve, tuvo una influencia fundamental en el desarrollo de la prosa psicológica y moderna del país. El diabolismo amplió los límites de la literatura búlgara, abriéndola a las inquietudes culturales europeas y planteando interrogantes sobre las dimensiones más oscuras del alma.
Último paso es un retrato de familia levantado con los recuerdos de cada uno de sus miembros. La primera novela del dramaturgo y director de teatro Yordán Slaveykov está narrada en una primera persona que hibrida con el monólogo teatral y explora las dificultades para componer la propia identidad en el entorno del clan: la disolución de una madre que cuida de todos, la incapacidad de un padre para expresar afecto, la impotencia de un primogénito que no alcanza las expectativas, los sueños de una hija atravesada por la vergüenza y la soledad de un hijo menor marcado por el duelo.
Último paso es, también, una novela incómoda que se pregunta por el conflicto entre lo íntimo y lo político, por la imposibilidad de salir ileso de una infancia en los márgenes.
A veces escribe su doppelgänger, otras la propia mano de Vutimski, en su Cuaderno azul: páginas del work in progress de su autorretrato palpitante, alentando, de joven poeta, que, como Casandra, anticipa su temprano fin. Urgido se retuerce en la pulsante herida abierta del vivir, y por la del crear, acuciado ¿Una sanará a la otra? ¿O se percata Александър Вутимски Aleksándar Vutimski, Sasha, de que son la misma?
Texto donde se despliega onírico el delirio, los reflejos, el desdoblamiento de Vutimski… o del muchacho azul, en cada personaje, cada lugar, en la música, la oscuridad, amores de alcohol y madrugadas, muchachos luminosos, poemas… de un: desesperado grácil baile de funambulista en la línea tensada desde la miseria, sobre la Segunda Guerra Mundial, a través de la enfermedad.
Sasha, y el muchacho azul, nos deja aquí su quiebro a la muerte, su luz azul.
Poesía
Ganadora del I Concurso para poetas búlgaros Aleksandar Vutimski (2023)
más allá de la catarsis, más allá del arte como lenitivo: un más acá venido desde la inmanencia del dolor: de la herida que no cierra: grieta, brote: la horma literaria del tópico tropo de la sinceridad estalla: desdoblamientos del yo poético de Камелия, Kamelia: amalgamas de fabulación, devenir, tempos: crisol alquímico donde transmutar su experiencia, su existencia: su identidad coalesce con la poesía: irradia… hacia toda: su realidad anímica y: relacional: devoción, plegaria, invocación al dios A M O R: mera cruda nuda poesía: de hiriente belleza,
Ha desaparecido el silencio. La boca amordazada desuella el cosmos, las catedrales, los museos mientras se desliza, lenta sobre el papel, la tinta. No estaremos aquí de la misma manera. Kíril Vasílev hecha semillas sobre las hojas para que broten versos que rompen la monotonía de nuestra vida cotidiana, que muestran «lo que no debes ver aún» ya que, como imágenes candentes, nos pueden carbonizar las retinas. Así es la poesía de Vasílev, de expresión áspera y rotunda en la profundidad con la que aborda temas como el desamparo, el sometimiento, la muerte o el desarraigo que jadean silentes en una sociedad mundial cada vez más distópica como la actual. Una poesía que nos agrieta y ahoga las rosas, que no pretende agradar, pues le basta con limpiar en nuestra mirada la oscuridad de un tiempo en que los dioses y tótems parecen habernos olvidado. Sin embargo, el poeta provoca la palabra y su brillo responde a las heridas, y así nos devuelve, en su lírica, la luz de las tumbas vacías.
Mario Pera
Una voz en off, esa que filtra la vida, la analiza y la comprende, esa necesaria para traducir el mundo, así en la voz poética de Amelia Lícheva, reconocida poeta búlgara, crítica literaria y profesora. A través de la palabra, singularísima, transparente y certera, Lícheva descompone la realidad que de otro modo no podría aprehender, haciendo al lector partícipe de un mundo personal y social al que sólo puede acceder a través de la introspección en el lenguaje. La vida cotidiana, las relaciones interpersonales, los problemas sociales o la incomunicación son algunos de los temas para los que Lícheva debe conformar ese lenguaje nuevo. Sus logros no pasarán desapercibidos para el buen lector.
Gema Estudillo
Como quien se deja mecer por las aguas de un río incesante, a través de los poemas de este libro de Alexánder Shúrbanov vamos sintiendo el pulso de un mundo compartido; el de los árboles que nos hablan con «infinitos labios verdes», el de nuestras sociedades, donde caben la miseria y las desigualdades, los monstruos, la explotación de la naturaleza y la desgarradora separación que a veces ocurre entre «la libertad y el pan». Sobre las raíces de este mundo, dice el poeta, pusimos la rueda.
Pero hay un torrente de optimismo también en este poemario, un gran poso de humor y de amor hacia todo lo que existe. En muchos poemas, a través de lo narrativo el autor nos ofrece un estallido de poesía, hace universal la anécdota y nos recuerda, con la sabiduría de la humildad, el lugar que ocupamos en «este inmenso mundo». Con este Amago de sonrisa, Alexánder Shúrbanov nos da la posibilidad de «cerrar la herida que trata de cicatrizar».
Belén Terriente Ballesteros
La antología Horizonte sin fronteras. Poesía búlgara actual. Se trata de un muy completo panorama de la poesía actual de Bulgaria.
Petar Chújov aúna lo cotidiano y lo filosófico, aborda temas como la memoria, el amor, la muerte y la reflexión sobre el paso del tiempo. Su poesía es melancólica, introspectiva y cargada de simbolismo. Sus versos transmiten una sensación de persistente búsqueda en la que el pasado y las sombras persiguen al ser humano.
No obstante, el autor no solo se adentra en lo personal, sino que crea un espacio universal e invita al lector a profundizar en su propia existencia. El amor, correspondido o no, aparece como un tema recurrente, a veces idealizado y a veces anclado en la cotidianeidad. Chújov propone una poesía libre, de estilo fragmentado, que no se limita a narrar experiencias, sino que invita a la libre interpretación.
El poeta irrumpe en la escena poética búlgara con su capacidad de desafiar, romper con las formas tradicionales y abrir un espacio para una poesía más libre y reflexiva. Su estilo es profundamente íntimo, trasciende los límites culturales y temporales y se erige como una voz contemporánea que resuena en Bulgaria y, con una traducción como esta, aspira a hacerlo más allá de sus fronteras.
Antonio Sánchez Carnicero
Como aquel mar primordial que, desde el vacío, dio origen al cosmos, Dos mares del poeta macedonio Josip Kocev concibe un universo propio a través de la palabra. En “Mar de hilos invisibles”, el poeta navega una trama de incertidumbre e impotencia ante acontecimientos ajenos —la pandemia, la guerra— que lo arrastran y de los que intenta desenredarse para continuar su travesía. En “Mar exhausto”, la singladura se vuelve íntima: una conciencia ante la fugacidad de la vida lo lleva a sumergirse en el interior. En este viaje florece un amor que todo lo transfigura.
Con una sintaxis quebrada, reflejo de la fractura del ser contemporáneo, un lenguaje cotidiano reinterpretado en su simbolismo —a la manera de Lorca—, Kocev traza una poética tan crítica como irónica que no busca respuestas, sino un lugar donde resistir el oleaje. Así se presenta la mejor poesía macedonia.
Patricia Crespo Alcalá
pRóXIMAMENTE












